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ameritrade895 : El tema de la seguridad de las fronteras ha estado presente en las relaciones México-Estados Unidos desde hace varias décadas, pero por lo menos desde la Revolución de 1910 no se asociaba tan cercanamente a una violencia que pudiera afectar la seguridad interna del país vecino.
Ni la Guerra Cristera, ni las rebeliones de José Gonzalo Escobar en 1929, ni la de Andrew Almazán en 1940, ni las guerrillas de los sesenta y setenta o la insurgencia zapatista en 1994 fueron vistas como una amenaza a la seguridad interna de Estados Unidos, ni se vieron como un argumento para intervenir militarmente en nuestro suelo. La guerra del narco sí.
La estabilidad social y política que imperó en gran parte de la época del priato hizo que Estados Unidos viera a México como uno de los países más seguros de América Latina. Nuestro país no era visto como una amenaza a Estados Unidos en ningún sentido.
Sin embargo, esa percepción empezó a cambiar con el crecimiento masivo de la inmigración mexicana a ese país, la aparición de las guerrillas indígenas y el aumento del poderío del crimen organizado al sur de la frontera.
No han sido pocos los periodistas, intelectuales y políticos de Estados Unidos que han vinculado ambos temas en uno solo.
Los sectores ideológica y políticamente más conservadores de la sociedad y el Gobierno estadounidenses empezaron a señalar a México a finales del siglo pasado como una potencial amenaza a su economía, cultura y estabilidad social.
Desde el campo intelectual su máximo exponente ha sido Samuel Huntington y en el político, entre otros, Pat Buchanan.
En el contexto de la rebelión zapatista y de la primera guerra contra Irak, Estados Unidos definió una nueva estrategia geopolítica hacia América Latina, considerado el "patio trasero" de Estados Unidos.
Su presentación en México la hizo William Perry el 23 de octubre de 1995. Dice Carlos Fazio: "Ante sus anfitriones, la plana mayor de las Fuerzas Armadas de México y 10 mil cadetes supernumerarios, el Secretario de la Defensa de Estados Unidos, William Perry, declaró durante una extraordinaria ceremonia en el Campo Militar Número 1 que ´la seguridad nacional (sic) entre su país y México es el Tercer Vínculo en que ambas naciones cimentarán su estrecha relación, pues ya se tienen las fuertes bases en nuestros lazos políticos y económicos". El tercer Vínculo: de la teoría del caos a la militarización, Ed. Joaquín Mortiz-Planeta, p.179.
Ya durante el Gobierno que presidió Vicente Fox, México fue incorporado al Comando Norte creado por el Pentágono, y fue integrado, sin que el Congreso de la Unión pudiera intervenir, a la llamada Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, proyecto que sentó las bases para una eventual intervención armada de Estados Unidos en territorio mexicano.
La alianza, que incluyó a Canadá, propuso la creación de una "frontera común de seguridad" para combatir el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.
Dentro de sus definiciones equiparó a los inmigrantes indocumentados con los narcotraficantes y terroristas.
En los gobiernos panistas sobrevive una estructura surgida con los priistas en la que se reproducen, dice Carlos Fazio "redes delincuenciales que han penetrado los organismos de seguridad y las mismas fuerzas armadas; que operan bajo esquemas de ´protección´ que perpetúan una cultura de impunidad, que actúan en colusión con funcionarios de un aparato de justicia complaciente con el poder y a la par de un Congreso dominado por caciques, facciones y grupos de interés sumidos en la corrupción de manera sistémica o institucional.
Todo lo cual configura un Estado paralelo con leyes propias y funcionamiento propio".
Lo anterior es lo que observa el Gobierno de Estados Unidos para hablar de un "Estado fallido" en México. Es sobre ese caldo de cultivo que el Gobierno de Barack Obama se plantea inicialmente la militarización de la frontera mexicana y si fuese necesario, la intervención en nuestro propio territorio.
Y si no fuese Obama hubiese sido McCain. No es asunto de gobiernos, ni de demócratas o republicanos, es un asunto de Estado Imperial.
Decía Fazio en 2005, que el primer paso que sugirió Estados Unidos en su nueva estrategia geopolítica "fue la militarización de la seguridad pública y la criminalización de la pobreza en México.
"Después sumó la participación subordinada de las fuerzas armadas locales en la ´guerra´ a las drogas. Ahora, con la excusa del combate al terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado, el Pentágono busca completar su objetivo estratégico de alejar al Ejército Mexicano de su principal función constitucional: la defensa del territorio nacional, reduciendo su actividad a tareas domésticas de tipo policial." La Jornada, 18 de julio, 2005.
Tres años después de eses análisis de Fazio, especialista en temas de seguridad y política internacional, el próximo abril, cuando se reúnan Calderón y Obama, en Monterrey, por primera vez en la historia de los encuentros de los presidentes de México y Estados Unidos la agenda estará dominada por el tema del narcotráfico.
Ni los problemas de la crisis económica, ni el de las controversias del TLC, ni el tema de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos será tan importante como ése.
Si observamos con cuidado las circunstancias en las que se dan el primer encuentro oficial entre los dos presidentes, fue Felipe Calderón quien, con su declaración de guerra al narco, subió ese tema al primer lugar de la agenda entre los dos países.
La respuesta que dio el narco a la decisión presidencial hizo emerger el enorme poder que había acumulado durante décadas y ha hecho cimbrar la estabilidad social y política de México.
Dentro de la visión imperial de Estados Unidos la inestabilidad mexicana es un asunto que compete también la seguridad de ellos, debido a los inmensos intereses que tienen en nuestro territorio, a la masiva presencia de paisanos nuestros en su territorio, a la creciente población norteamericana que ha inmigrado a nuestro suelo y al hecho de compartir una porosa frontera de casi tres mil kilómetros.
Para los estadounidenses es ya una verdad comprobada que el poderío de los narcos mexicanos se ha extendido a casi todo el territorio de su país.
Saben bien, y la inclusión del "Chapo" Guzmán en la lista de Forbes lo comprueba, que las organizaciones criminales mexicanas tienen un alcance global y son un desafío para cualquier Estado, incluyendo el norteamericano.
Así pues, dentro de la enorme complejidad de las relaciones de México y Estados Unidos, el crimen organizado, criatura que sólo podía haber sido concebida por una sociedad brutalmente desigual, un Estado enfermo de corrupción, y otra sociedad ávida de drogas, se les presenta a los dos países como una poderosa amenaza a su seguridad nacional.
El tema no será coyuntural; es ya estructural y dominará la agenda de las relaciones de México y Estados Unidos por mucho tiempo |
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